Los pancitos de Caperucita

Hace poco les conté que a través de Antonia me he redescubierto, he comenzado hacer cosas que me gustaban y hace tiempo había dejado de hacer. Una de esas cosas es escribir y contar historias, así que me he dado el permiso de hacer cambios a las historias tradicionales y construir junto con mi hija “los cuentos de Antonia” .  En este espacio, si me lo permiten, quiero compartirles algunos de esos cuentos, quizás les gusten y les sirvan o les den ideas para construir sus propias historias con sus hijos. En lo personal, creo que este tipo de espacios en los que nos permitimos dejar volar nuestra imaginación y construir cosas junto con nuestros hijos, son muy valiosos y enriquecedores para ambos.

 

Había una vez una niña a quien llamaban Caperucita Roja y su mamá le pidió que le fuera a llevar unos deliciosos pancitos a su abuelita. Los pancitos que Caperucita llevaría estaban recién horneados y estaban rellenos con diferentes sabores. Algunos tenían arequipe, otros chocolates y otros canela, todos del gusto de la abuela. Cuando la mamá de caperucita le entregó la canastilla le pidió que por favor no se distrajera ni hablará con extraños en el camino y se fuera directamente para la casa de la abuelita. Al llegar la tarde, y mientras caperucita continuaba camino a casa de su abuelita,  se encontró con el lobo Benicio, quien al sentir el delicioso  aroma que salía de la canastica se antojó y empezó a pensar cómo podría hacer para quedarse con los panes. Entonces se acercó a ella, quien era una niña muy dulce, inocente y bondadosa,  fingiendo estar perdido y así pudo ganarse su confianza. Cuando finalmente pudo saber que los pancitos eran para la abuelita y dónde vivía se fue caminando rapidito para así llegar antes que Caperucita, encerrar a la abuelita y hacerse pasar por ella. Cuando Caperucita llegó a la casa de su abuelita Tita, la saludó con un beso y un abrazo pero de inmediato notó que tenía algo diferente y entonces le preguntó

-Abuelita por qué tienes esos ojos tan grandes?. 

-Son para mirarte mejor mi niña.

Pero Caperucita continuó extrañada e indagó

– Y por qué tienes esa nariz tan grande?.

-Son para olerte mejor mi niña.

Pero Caperucita seguía sintiendo que algo no estaba bien y volvió a preguntar

– Y por qué tienes esas orejas tan grandes abuelita?

– Son para oírte mejor mi niña.

– Y por qué tiene esa boca tan grande?

-Son para comerme los pancito le gritó y se abalanzó sobre ella para quitarle la canasta de pancitos. Entonces Caperucita empezó a gritar y pedir auxilio con tan buena suerte que en ese momento pasaba por ahí el cazador quien al escucharla ingresó a la cabaña y de un golpe tumbo al lobo y de inmediato lo encerró en una jaula y consoló a Caperucita.

Ya cuando la niña estaba más tranquila, juntos buscaron a la abuelita y la encontraron encerrada en el closet

En agradecimiento Caperucita y Tita compartieron con al cazador sus pancitos y se los comieron con un delicioso chocolatico caliente mientras al lobo lo dejarían encerrado por un largo tiempo por engañar a Caperucita, encerrar a la abuelita y querer robarle sus pancitos.  

Finalmente, Caperucita le dijo a su abuelita que no entendía al lobo ya que si él le hubiera dicho que tenía hambre, ella le hubiera regalado el pancito que quería.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

2017-07-28T09:20:53+00:00

Deje su comentario