Nuestro Encuentro

 

 

El día de nuestro encuentro todo era diferente, el sol brillaba más que de costumbre y los pájaros cantaban alegres sobre la ventana. Lo primero que hicimos aquella mañana fue ir a tu cuarto, por enésima vez tal vez, a revisar que no faltara nada, que todo estuviera listo para tu llegada, que todo te hiciera sentir como en casa y que pudieras encontrar, en nuestro amor, la calma que necesitabas para afrontar los cambios que se avecinaban.

Esa mañana tu papi y yo nos alistamos tan rápido como pudimos y salimos presurosos a cumplir con nuestra cita, la más importante de nuestra vida, quizás llegamos antes de la hora acordada, pero no queríamos arriesgarnos a que se presentara algún contratiempo que pudiera retrasar ese momento. Al llegar a la Casa de María, nos recibieron en una salita la trabajadora social, un funcionario de ICBF, el psicólogo, y Alba, allí nos contaron detalles de ti y de tu día a día, de lo que gustaba hacer, tus horarios, tus miedos, de lo que te gustaba comer, y nos entregaron una cartica en la que nos dabas la bienvenida a tu vida y nos contabas que hacía tiempo nos esperabas. Mientras todo eso pasaba, mi corazón daba saltos y mil mariposas en mi estomago revoloteaban.

Al cabo de unas dos horas, todos salieron de la sala y nos dejaron solos un rato, nosotros seguíamos ansiosos y expectantes de qué seguiría, un poco inquietos, nerviosos, porque sabíamos que ese día nuestra vida comenzaría de nuevo, pero ahora a tu lado.  De pronto se abrió la puerta y allí estaba tu cuidadora trayéndote en brazos, diciéndonos “mamá y papá aquí está su hija”,  y qué te puedo decir…….., no hay palabras para describir lo que sentimos en ese momento, una alegría infinita, mil emociones que nos acompañaban por dentro, yo solo quería tocarte para convencerme que todo era cierto, que no era un sueño, y te miré y me pregunté Dios que cosa buena hicimos para merecer todo esto, sabiendo en mi corazón que eras tú y nadie más la hija que estábamos esperando, la que la vida nos tenía deparada para acompañarnos. Recuerdo que tú estabas muy seria y después empezaste a sollozar y yo te dije al oído “no llores mi amor que aquí está mamá” y te tararee una canción suave en el oído, y me miraste, quizás extrañada, al fin y al cabo mamá era una palabra nueva para ti, y supongo te preguntabas quiénes éramos y porque te abrazábamos con tantas ansias ya que te quedaste en silencio, y así fue hasta que llegamos a casa y te quedaste dormida en el sofá de la sala probablemente extrañando los olores de la Casita en la que te cuidaban y allí mientras dormías yo te miraba tratando de entender el milagro de tu vida y tu llegada.

 

2019-06-04T17:42:31+00:00

2 Comentarios

  1. MickeyFrarl agosto 19, 2019 en 1:59 am - Responder

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