Milagro de Abril

A continuación les comparto la hermosa historia de Tata, el primer “Milagro de Abril” de Aleja y Julián.  Cuando la escuché pude confirmar que Dios está en todas partes y se manifiesta de diversas formas, en ocasiones puede ser solo una suave brisa que nos acaricia y en otras, es quizás, un deseo del corazón que nos motiva; una llamada que nos cambia la vida; un encuentro que no esperábamos; un llanto chiquito que no se olvida o la llegada de alguien maravilloso que vino para enseñarnos que todo es posible a través del amor.

 “Milagros de Abril”

“Estarás esperando que un puñado de estrellas te vaya a buscar,

o estarás atascada en el borde del cielo y no quieres saltar

no sé, no sé …” *

 Desde que Alejandra era niña sintió una conexión muy especial con la adopción, incluso, deseaba tener un hermanito adoptivo pero, por razones ajenas a su voluntad, no fue posible hacer realidad su deseo. Así creció, decidida a que cuando llegara el momento tendría una familia con hijos del corazón, entendiendo que en su caso no se trataba de si podía o no tener hijos de forma convencional, sino de hacer realidad un anhelo de su niñez, un deseo de su corazón, un llamado quizás de aquella niña que visualizaba en sus sueños.

Como Dios tiene formas insospechadas de hacer las cosas, encontró en su camino a Julián un hombre maravilloso que se convirtió en su compañero de vida, amigo y cómplice. Alguien que además de escucharla y entenderla fue capaz de hacer del sueño de Aleja un proyecto de vida para los dos.

En el mes de abril de 2012 fueron juntos a la casa de adopciones a entregar su documentación y dos meses después dieron inicio los talleres a los que asistieron felices, ansiosos y con las incertidumbres propias de todos lo que empezamos el proceso pero con la convicción de que este era el camino que querían recorrer en busca de sus hijos.

Una vez que terminaron los talleres, empezó la dulce espera. La encargada de los seguimientos era Aleja pero, un día cualquiera, Tata, como llamaron a su pequeña, decidió halar el hilo rojo de su padre y fue él quien llamó para averiguar en qué iba su proceso. Tata halaba tan fuerte que a pesar de todo el tiempo que Julián  tuvo que esperar al teléfono él no colgó ni se desesperó, sentía que debía quedarse ahí, sin más. Cuando finalmente pudo escuchar una voz desde el otro lado de la línea, fue para decirle, de forma poco cortés y cortante, que debía seguir esperando los tiempos de Dios y después le colgó.

“Qué será que no llegas, este mundo ya es duro y más duro sin ti

¿Qué será? ¿Por qué tardas?

¿Por qué pasan los años y no estás aquí?

Corre, salta, despega dale cura a este amor que no sabe morir

No me niegues la risa tócame con las alas milagro de abril”

El viernes que siguió, recibieron una llamada de la Casa de Adopciones para notificarles que debían asistir, el lunes próximo, para darles una información muy importante, sin más explicaciones. No lo podían creer, debían esperar todo el fin de semana para saber de qué se trataba, deseaban en su corazón que la noticia fuera la asignación pero no podían tener esa certeza así que se enfrentaron al fin de semana más largo de sus vidas, acompañados por un mar de emociones que iban y venían sin control.

Finalmente llegó el lunes y ellos asistieron a su cita. Al llegar los llevaron a la sala de reuniones, entró la persona encargada del proceso y se disculpó con Julián por la forma como le había hablado hace unos días, les dio la noticia de la asignación, y le confeso que el día de su llamada ella regresaba del comité de adopción donde se les había asignado a su pequeña Tata y que sus nervios y alegría por esta Diosidencia no le habían permitido hablar; les entregó un sobre y los dejó a solas. Tata y Julian se miraron entre sí y después al sobre, entendiendo que su vida estaba a punto de cambiar. Julián dio el primer paso y tomándolo entre sus manos, aún temblorosas y torpes de la emoción, lo abrió. Lo que encontraron fue la imagen más hermosa de sus vidas, era su hija, esa con la que Aleja tantas veces soñó, la que le hablaba mientras dormía, a quien desde hacía mucho tiempo estaban esperando. Nuevamente sus emociones, compañeras inseparables desde el fin de semana, cobraron vida propia y negándose a seguir contenidas empezaron a brotar de sus ojos.

“Has venido mil veces entre sueños te he visto jugar por aquí

pero igual que los peces al tratar de tocarte te arrancas de mí

¿Por qué, por qué?”

 

Como era de esperarse de inmediato aceptaron la asignación y, como si su día no pudiera ser mejor, al salir de la oficina y dirigirse a su auto, aún sin creer lo que acaba de suceder, sintieron que alguien los observaba desde el jardín y al volverse vieron que era “ella”, su hija que los miraba fijamente y los exploraba como si supiera quienes eran. “No es posible pensaron”, se quedaron inmóviles, en silencio se tomaron de la mano tratando de contenerse entre ambos, tratando de no salir corriendo a tomarla entre sus brazos, sabían que no podían acercarse, debían irse y dejarla ahí, mientras se terminaba el papeleo y el trámite, pero sus pies parecían de plomo y ajenos a su voluntad porque no querían dar un paso para distanciarse. Aleja, sacando fuerzas de donde no tenía, empezó a caminar y empujó a Julián junto con ella. Cuando llegaron al auto, aún incrédulos y con el corazón a mil por minuto, se miraron, sonrieron entre ellos sin mediar palabras, entendiendo que no hacía falta decir nada.

 

El encuentro con Tata fue el 25 de abril, ella estaba tan hermosa como aquel día que la vieron en el jardín. Estaba un poco asustada, con un llanto bajito pero continuo, que sus familiares asemejaron al llanto que emiten los niños al nacer, y pude ser cierto porque este tipo de llanto jamás se le volvió a escuchar a Tata. La besaron y la abrazaron con tranquilidad, entendiendo que ya era suya que se iban juntos a casa, su pequeña se fue calmando poco a poco y partieron hacia su casa con muchos nervios, debido al llantó de su pequeña, pero al abrir las puertas del carro Tata bajó corriendo y entró a su casa feliz como si hubiera vivido en ella toda su vida, ahí se dieron cuenta que finalmente el hilo había llegado a donde tenía que llegar.

La noticia de la llegada la compartieron con su familia a través de una tarjeta que hicieron especialmente para ese momento ya que decidieron que la primera semana con Tata sería solo para los 3 y que, poco a poco, podría ir interactuando con los demás miembros de la familia.

Hoy casi 4 años después, Aleja confirma y reafirma que este era su destino, que Tata es su pequeña, esa niña que haló por tanto tiempo del hilo rojo y con tanta fuerza que gracias a eso hoy están juntos, esa que no solo llegó para cambiar su vida sino la de toda la familia, la que le hizo volver a ser niños y a entender qué es lo importante, que la vida está llena de milagros, de momentos maravillosos, de sueños que se hacen realidad, de historias que parecen venir del más allá, y de amores que lo hacen todo posible, incluso que veas a tu hija en sueños aún antes de llegar. Hoy son una familia feliz, agradecida y bendecida por Tata y Tintin, su hermanito quien llegó a sus vidas un 21 de abril,  a través del mismo camino, pero con una historia y retos diferentes y un hilo rojo que no solo está unido a sus padres sino a su hermanita, pero esa es otra historia que muy pronto les vamos a compartir.

 

“corre salta despega, dale cura a este amor que no sabe vivir, no me niegues la risa 
tócame con las alas milagro de abril “

*El texto en letra cursiva y subrayada corresponde a la letra de la canción “Milagro de Abril” de Alberto Plaza.

2017-08-24T15:06:37+00:00

Un comentario

  1. Stephany julio 2, 2019 en 11:38 am - Responder

    Llegue a esta historia escuchando las canciones de Alberto, y sentí tanto amor que no pude contenerlo dentro de mí. Dios estás presente en todo momento y lugar, gracias por compartir tanto

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