Mi otro Milagro de Abril

Un año después de que Aleja y Julián tuvieron su encuentro con Tata, empezaron a sentir en su corazón que había llegado el momento de crecer su familia y aunque en un principio pensaron que sería bueno tener un hijo biológico, poco a poco Tata, quien siempre los ha guiado de una u otra forma, se encargó de mostrarles que el camino que debían seguir para llegar a su hermanito Tintín sería el mismo que recorrieron para encontrarla a ella, solo que en esta ocasión ella iría de su mano.

Una vez que tomaron la decisión y entregaron toda la documentación, empezaron su dulce espera, y para que Tata pudiera asimilar mejor la llegada del nuevo miembro de la familia decidieron buscar una forma simbólica de representar el momento que estaban viviendo y junto con ella decoraron una cajita y la pusieron en un lugar especial de su casa, para que todos le llevaran algún presente a esa personita que en algún momento llegaría a formar parte de sus vidas. Para Tata, quien llevaba un presente casi a diario a su hermanito o hermanita, aún no lo sabía, la cajita representaba no solo la espera o la expectativa de un nuevo integrante sino de alguien que llegaría para ser su cómplice, amigo, compañerito de pilatunas y a quien ella, como hermana mayor, cuidaría con todo el amor que le cabía en su corazón. Además de la cajita, con el ánimo o la intención de que su hermanito o hermanita llegara pronto, Tata, Aleja y Julián, pasaban con frecuencia por la casita de adopciones y desde el carro le gritaban a Tintín, cómo se llama hoy el hermanito de Tata, “Te estamos esperando, llega pronto”. Ese grito o llamado de atención para ellos era muy importante porque no querían que Tintín se demorara ya que ellos querían estar con él y colmarlo de besos, abrazos y amor.

A medida que transcurrió el tiempo y se acercaba el mes de diciembre, Aleja soñaba con tener a su pequeño o pequeña con ella en Navidad, pero las cosas no se dieron y entonces empezó a sentir una pequeña angustia en su corazón y le manifestó a Julián su preocupación pero él solo le respondió, “amor no ha pasado Abril, cuando pase Abril hablamos” y Aleja aceptó. Apenas llegó el mes de Abril, llamó a la Casa de adopciones para preguntar cómo iba su proceso y pero recibió la misma frase de siempre “hay que esperar los tiempos de Dios”. Por fortuna, en esta ocasión, tampoco tuvo que espera mucho más tiempo porque a la semana siguiente recibió una llamada en la que les indicaban que debía ir a la casita de adopciones. En esta ocasión la llamada la recibieron un jueves y los citaron para el lunes, pero esta vez Aleja y Julian se rehusaron y pidieron que por favor no les hicieran lo mismo que con Tata, que si bien recuerdan los llamaron un viernes para citarlos el lunes próximo, así que lograron que les adelantaran la cita y fueron al día siguiente.

Desde antes de entrar Aleja y Julián tenían clara su decisión y no les importaba leer la historia de Tintín, ni antecedentes médicos ni nada, solo importaba que ya estaba ahí esperando por ellos, así que cuando les entregaron el sobre fueron directo a la foto de su hijo ya que desde hacía tiempo ansiaban ponerle un rostro a su espera. Cuando tuvieron la foto en sus manos, no solo los invadieron las emociones sino que Aleja se sintió muy sorprendida al saber que era un niño y además muy pequeño, ella realmente creyó que sería una niña y que sería algo más grandecita de edad, como Tata cuando llegó, pero luego de salir de su sorpresa sencillamente miró a Julián y confirmaron la decisión que ya habían tomado, ese era su hijo, por el que tanto habían esperado.

Luego de recibir el sobre, enfrentaron un nuevo reto, decidir qué nombre le pondrían a su hijo, ya que no podían dejarle el que tenía, y si bien habían explorado muchos nombres, ahora no estaban seguros de cuál sería, querían uno muy especial que ayudará a celebrar su vida y su lucha por permanecer en ella.

Finamente llegó el día del encuentro y Aleja Julián y Tata fueron juntos a recibir a Tintín. Si bien es cierto que Aleja sintió una conexión más fuerte con Tata al inicio, quizás porque desde tiempo atrás la soñaba, estaba tranquila con la llegada de Tintín porque sabía que todo era un proceso y que el amor y la conexión se construye día a día y así lo confirmó porque desde el momento en que lo vio por primera vez y se encontró con sus grandes y hermosos ojos azules como el mar y con esa mirada dulce que solo él sabe dar, le robo el corazón.

Después del encuentro, la familia fue descubriendo a un Tintín alegre, risueño, juguetón, activo, un guerrero de la vida, cuya única manifestación física del cambio por el que estaba atravesando fue una afección respiratoria que le duró un largo periodo pero de la que después se recuperó y hoy comparte una vida llena de esperanzas, oportunidades y sueños al lado de quienes lo aman.

Para Aleja sus pequeños son muy especiales por muchas razones pero además porque están unidos por un lazo que solo ellos comparten y entienden y que parece escrito especialmente para ellos, como es el hecho que el tengan en común el mes de su encuentro con su familia e inversas sus fechas de cumpleaños, ya que Tata llegó el 25 de abril y cumple años el 21 de noviembre y Tintín llegó el 21 de abril y cumple años el 25 de agosto.

 

No cabe duda de que la magia en la vida de Aleja y Julián y todos en la familia continua cada día a través de estos angelitos que llegaron para cambiarlo todo y para enseñarles que pese a que son niños son unos guerreros y unos valientes unidos por un lazo mucho más fuerte que la genética o la sangre o cualquier cosa que nos podamos imaginar. La misma magia que hace que incluso Tata y Tintín hayan adquirido, con el transcurso del tiempo, una semejanza física realmente asombrosa porque, incluso, el color del pelo de Tintín cambió y hoy es igual al de Tata y de alguna forma todos se están pareciendo y asemejando tanto adquiriendo el rostro de una familia unida por el amor.

2017-07-28T10:41:54+00:00

Deje su comentario